Igualada está a una hora de Barcelona en el tren de los Ferrocarrils. Allí, en un polígono junto al río Anoia, un taller familiar teje desde hace tres generaciones casi todo el punto que vendemos. Pasamos una mañana con ellos para ver cómo nace un jersey Cadaqués.
Del cono de hilo al panel
Todo empieza con conos de hilo de merino que llegan hilados de Biella. Las tricotosas rectilíneas, programadas por Ramon, el técnico más veterano, tejen cada pieza por separado: delantero, espalda y mangas. Un panel de la talla M tarda unos once minutos en salir.
El remallado, a mano
Las piezas se unen con una remalladora, punto por punto, para que la costura quede plana y elástica. Es el paso más lento y el que distingue un jersey bueno de uno corriente: una costura remallada no se nota al llevarla y no se abre con el uso. En el taller lo hacen tres personas; una de ellas, Pilar, lleva veintiséis años en el mismo puesto.
Lavado y vaporizado
Una vez cosido, el jersey se lava para asentar la fibra y se vaporiza sobre una horma de su talla. Por eso nuestros jerséis no encogen al primer lavado en casa: ya han pasado por el agua antes de llegar a la tienda.
Control, uno a uno
Cada prenda se revisa contra una luz blanca antes de empaquetarla. Si un punto se ha soltado o hay una diferencia de tono, se aparta. Esas prendas son las que vendemos en la tienda con descuento como «segundas», con la tara señalada en la etiqueta.
Por qué trabajamos aquí
Podríamos fabricar más barato lejos, pero no podríamos venir una mañana a corregir el largo de una manga ni repetir una talla agotada en tres semanas. Trabajar a 60 km de la tienda nos permite hacer tiradas cortas, ajustar los patrones con lo que nos decís las clientas y los clientes, y saber exactamente quién ha tejido cada prenda.

